Apuntes de un viaje cultural en territorio indígena costarricense

Desde Cartago por el Cerro de la Muerte, pasamos por San Isidro del General y vamos llegando al cantón de Buenos Aires de Puntarenas. Después vamos a San Vito de Coto Brus.

En tiempos de Trump y “La platina”… recorrer la carretera interamericana sur y celebrar mi mestizaje es como abrazar la vida.

Un relato de este viaje podría ser una linda historia que contar. Tal vez un día, más adelante le dé forma de cuento. Por ahora observo y registro.

Nelly Gallardo: representante y activista de la comunidad Ngöbe. Brillante determinación al decir “Las mujeres indígenas ya no somos como antes, si fuera como antes, yo no estaría aquí hablándoles a ustedes. Me habría escondido.”

El Río Grande de Térraba: No falta agua potable en las comunidades que visité. Todo se ha construido en relación al río. Hay un montón de historias y leyendas que nacen aquí y debe ser la luz dorada del verano que le aporta una magia particular. Hay una perrita negra a la que se le ven los huesos, tratando de sacar una carnaza que prensó una piedra. La escena es triste y contemplo.

Soda La Central: Muy coqueta. Todo está impecable y la señora que atiende tiene espíritu emprendedor. Comimos pinto con huevo y queso fresco. En el puro centro de San Vito de Coto Brus la manana de domingo es simplemente perfecta. Amo el paisaje de montañas y palmeras.

El juego de los diablitos: motivo principal de este viaje. Se celebra todos los años para estas fechas en la comunidad de Rey Curré, una de las 2 comunidades Boruca. El juego es parte de las fiestas del pueblo y representa el ataque de los conquistadores españoles a los nativos de la región. Un toro representa al invasor y “los diablitos” representan a los indigenas en una lucha de poder. Vamos de casa en casa, donde se dan los encuentros y el dueño de la casa nos ofrece chicha. Bebemos de un huacal común. Es más rica de lo que pensé… me da miedo emborracharme. El juego levanta un polvazal que agrega un tono místico a la escena. Me gustan los gritos y la energía alrededor.

La etnia: Las mujeres no participan del juego de diablitos. Casi no sonríen. Observo un grupo de mujeres trabajando en el fogón de una cocina. Entro a pedir agua. Están haciendo tamales y hay una olla inmensa con café. Nos sentamos, tomamos café y conversamos. Les pregunto cuanto les debo y se ofenden. Una buena intención no siempre cae bien. Doy las gracias y me voy. Estos pueblos se honran con una visita.

 

 

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