Con nombre y apellido: los personalizados de Cueropapel&tijera.

En las últimas semanas de este mes de Julio volví a sacar mi cinta métrica, lápiz y papel y he tomado por mucho… más café. Volví a cerrar los ojos y mentalmente tratar de construir una idea precisa, hacer imaginariamente un ensamble, una costura… exigirle a mi cerebro que piense en 3D, que se imagine esa proporción, la textura de los materiales interactuando juntos y ensayando el uso del producto para ver si tiene sentido.

He vuelto a jugar con el mostrario de cueros, pongo círculos de cuero de colores en una mesa y los muevo de un lado para otro, tratando de descubrir alguna combinación que me sorprenda.

He atendido clientes que van de viaje y quieren una mochila más práctica, nietas que quieren regalarle a su abuelita el bolsito negro clásico y liviano que su brazo cansado pueda llevar con elegancia, clientes que aún no saben lo que quieren y lo descubrimos juntos y otros han escrito felices, diciendo que finalmente tienen el bolso que exactamente querían.

En ocasiones, el cliente hace por uno mucho más de lo que imagina. Ellos, me han despertado con sus pedidos personalizados, un poco de la creatividad que se durmió después de nuestro proceso de mudanza.

Me contaba un día de estos Joel, cuando vuelve a encargarme un bolso… que el que hicimos hace años se lo robaron y por eso nos sentamos de nuevo a darle color y forma al que lo sustituirá. Sacaba zippers y herrajes y traía a la mesa muestras de cueros que aún no he usado. No vimos revistas, ni imágenes de referencia… la imaginación y las preguntas que saltaban iban resolviendo el producto. Joel dice, que el diseño de su bolso es un acuerdo y que nos tiene que gustar a los dos, entonces cada parte era toda una decisión.

He vuelto a bocetar… con todo lo mal que lo hago, las ganas de expresar una idea siempre es más grande. Acaricio retazos de cuero al mismo tiempo que tomo un sorbo de café y tiro flechas con lapicero para resaltar algún detalle, que no se me escape del diseño.

Así han sido los días del mes de Julio. La lluvia siempre ayuda, me inspira… pero créanme, nada me despierta más ganas de diseñar que ustedes y sus viajes y sus días de trabajo y la emoción de ver cada producto que va saliendo de taller… que desde entonces ya, tiene nombre y apellido.

Sofia

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