De cómo llegué a hacer bolsos.

Fué en el taller de mi abuelo, en ese rinconcito donde emprendí, donde hacíamos libretas, encuadernábamos libros para iglesias, bufetes de abogados y atendíamos alguno que otro aficionado a la lectura que gustaba de conservar sus libros en piel. Mi visión de negocio era muy pequeña aún, pero había algo fuerte que me mantenía motivada y entusiasmada ante las miles de posibilidades que veía en una piel de cuero.

Un día en una tarde de café con un par de amigos, Juan José me pidió que hiciera un “messenger bag” para regalarle a su hermana de cumpleaños. Pero no hacíamos bolsos, hacíamos libretas… y de coser hojas de papel y hacer tapas de cuero, a hacer un bolso había mucha diferencia. Me mostré muy escéptica ante la idea, no me llamaba la atención, nunca antes tuve interés en hacer bolsos básicamente por una razón: ¿Quien me compraría un bolso si existen tantos en el mundo? No veía ninguna posibilidad, tampoco una oportunidad real de negocio. Y tras mucha insistencia de Juan José quien no aceptó todas mis excusas y negativas, me decidí a hacer el messenger para su hermana.

Lo vendí en sesenta mil colones, Juan José se lo regaló a su hermana y los tres estuvimos muy felices con el resultado. Hoy, siete años después tengo el bolso conmigo, se lo compré a Juan José de vuelta, hicimos un canje para recuperarlo. Era el primer bolso y yo quería conservarlo.

Recuerdo muy bien la aventura que significó hacerlo… buscar la piel, hacer los moldes y empezar a armarlo. Puro sentido común, pura intuición… no teníamos ni Alex ni yo el “know-how” de hacer un bolso, pero si tenímos mucha sensibilidad por el cuero y sus virtudes como material. Mientras lo hacía, yo me concentraba más en la piel que en el bolso mismo, en los detalles, en como resaltar su costura, en las marcas de la piel y el contraste de la tela de una bolsita interna que llevaba con el color del cuero. Creo que en ese proceso terminé de enamorarme del cuero, el bolso no llegó a tener acabados perfectos, ni las mejores proporciones, pero fué sin duda una aventura creativa. Exploré ese nudo en la tira a modo de ensamble, exploré la imperfección de la piel como un recurso de diseño y entendí ese día que me debía como diseñadora al material y no al bolso mismo. Que el cuero era ese lienzo sobre el cual trabajaría de ahora en adelante.

Después de ese bolso, Juan José me encargó otro, el cual hice con cuero rojo, exploré el color. Y luego quise hacer otro y otro… Para los siguientes, decidí buscar quien nos ayudara y yo me concentré en buscar el cuero y salir a venderlos. En estos 7 años hemos fabricado miles de bolsos, y cada uno sigue siendo un pedacito de mi misma.

Hoy sé que por más bolsos que existan en el mundo, estos son los míos. Y hoy quería enseñarles el primer Cueropapel&tijera by Sofia Protti.

 

<3

 

 

10 comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *