De ser la pareja de un emprendedor.

De un fin de semana “como de revista”, diría. Porque como yo bien duermo en una cabina de $30 la noche, como huevos duros con tortilla y me fascina la idea de bañarme en una poza… no tengo como estándar la idea de playa con spa incluido. Para mí un paseo es un paseo y para un buen ceviche, cualquier pescado. Cuándo la oportunidad es buena y logro planear un “chineito” a algún lugar especial, también disfruto horrores la copa de vino, el atardecer en el balcón y el masaje del spa.  La capacidad que tengamos de pasarla bien en el mayor número de condiciones posibles es ventaja competitiva y aunque mi marido dice que me acostumbro rápido a los lujos, yo misma sé que me desprendo con facilidad también.

En lo que planeamos como un fin de semana de pareja, para descansar y desconectarnos un rato de nuestros trabajos, la casa y las obligaciones… yo llevo mi cámara, una libreta, varios pares de lentes oscuros, un bolso grande, una canasta, el bolso para la playa y una cartera de mano para la noche… La compu la dejo en la casa, pero la cámara y la libreta no las suelto. No puedo dejar éstos dos que viven en mi bolso, que documentan y congelan mis ideas… No llevo demasiadas cosas, pero hay algunas cuantas que no me faltan y que representan de algún modo un pedacito de trabajo que cargo siempre conmigo.

Entonces ahí estoy… sentada en la playa con Esteban, hablando de un proyecto que tengo en mente, de los planes de Cueropapel&tijera para fin de año, debatiendo en voz alta alguna decisión que aún no tomo… para que él lo sepa y yo me aclare. El me escucha… viendo al mar, pero me escucha como siempre ha sabido hacerlo: en silencio y con atención. Suelto alguna anéctoda, de la tienda, de mis compañeros… y nos reímos. Al rato veo pasar a una señora rubia, extrajera, el sombrero que lleva puesto me atrae. Clavo los ojos en ella y le digo a Esteban: “¡Ese sombrero lo diseñé yo!”  Con brillo en los ojos, se me sale el ego de diseñadora y él me hace esta cara de “estas loca, no creo que sea el sombrero que vos diseñaste.”  Lo dejo ir… pero se me fué también la idea de lo que estaba hablando, porque me desconcentré y quedo en silencio con una vaga idea… “Ese es el sombrero…”

Al momento retomo ágilmente el monólogo, brincando de un tema a otro. Es poco lo que Esteban puede decir, no porque no quiera… es que ni lo dejo hablar. El se da vuelta para broncearse parejo. Y yo pálida, llena de bloqueador, tapados los ojos con lentes oscuros, tapada la cabeza con sombrero y debajo de un techo de paja me pinto las uñas con esmalte rojo para que contraste con el azul del cielo despejado. Sobre el paño, la famosa libreta, un libro que hago leer a ratos y la cámara esperando alguna escena atractiva. Esteban se quedó dormido.

Regresa la señora rubia, y yo no puedo más.

-“I´m sorry, did you get your hat at Cueropapel&ijera?”

Y ella suelta aquella sonrisa, se toca el sombre y suelta un grito.

-“Are you Cueropapel&tijera?”

Nos abrazamos, como si la marca nos hubiera hecho amigas sin conocernos. Esteban se despierta y se muere de risa, se presenta y al mismo tiempo le recalco que aquel era el sombrero que yo había intevenido con cuero, que era de cabuya como el mío.

Hablamos emocionadas por la casualidad del encuentro. Me llevó al rato después una tarjeta postal con un mensaje hermoso, muy inspirador. Y Esteban en silencio y atento de nuevo contempla la felicidad que una clienta satisfecha, puede provocarme.

Para cerrar la mañana, qué rico un cóctel. Me antojo de Campari con jugo de naranja, voy traigo el menú de bebidas. No está en lista mi antojo. Y le digo a Esteban que le pregunte al bartender que si por casualidad tendrá Campari. Y entonces otra vez esa cara que me hace pero en silencio. El tiene una forma muy elegante y discreta de hacerme saber cuando estoy saliendo del límite, nos comunicamos muy bien. Pero yo soy terca y le digo “¿Ay porfis, que te cuesta?”  Y entonces el afirma que no hay Campari, que si fuera así estaría en el menú. Y yo que sé que hay tantas cosas en la vida que no se ofrecen abiertamente y se pueden comprar, insisto en mi trago. Le explico a Esteban que nada pierde en preguntar y que le diga al bartender, que “la doña” lo tiene loco, que si le da un Campari con jugo de naranja y una pizca de soda, se va a callar. Nos volvemos a morir de risa y la idea le suena tan bien que vuelve al rato con mi cóctel soñado. Les juro que estuve callada, lo que duró el trago.

Se me iría la tarde entera en el relato de cuantas veces,  sentí este fin de semana que Esteban con su paciencia y amor entraba en mi mundo para entenderlo. Este mundo emprendedor, este mundo de inspiración en el que vivo, de agallas para pedir lo que quiero. Me tomó un par de fotos haciendo un enorme esfuerzo, porque él rara vez toca una cámara. Y vi cuánto a mejorado con los años de escucharme decirle que la enmarque bien, que se concentre en la perspectiva, que no la tome contraluz.

También hay cosas que ya no nota, ni cuestiona. Como la cantidad de bolsos que necesito para ir a la playa, ni las veces que cambio de anteojos durante el día. Ya no le sorprende que me desvíe en el camino o me detenga a tomar una foto o que critique la tipografía del menú en el restaurante. Todas esas cosas que hacemos como diseñadores, como emprendedores, que son difíciles de entender se vuelven parte de nuestras parejas, de nuestros matrimonios.

Sé que hay muchas parejas como nosotros, donde uno usa excel como el otro usa la gama de pantones. Uno escucha y el otro disgrega en un sin fin de ideas e intenciones. Mi mejor amiga tiene un esposo emprendedor, a ella la veo también como Esteban, siendo flexible, tolerante, comprensiva con esos sueños y esos impulsos que algunos tenemos más grandes que otros y que no serían realidad sin el apoyo de ellos que en silencio nos apoyan y escuchan. Mi mejor amiga también demuestra amor entrando en el mundo de su esposo emprendedor, no hay otra forma de sacar adelante una relación si no entendiendo las pasiones del otro.

Mi gran apoyo desde hace más de 10 años es Esteban y les confieso que por más feliz que me hacen los negocios, reírme con él es lo mejor que me sucede en la vida.

 

 

10 comments

  • Valerie

    Me puedo relacionar tanto con esta nota, creo que así como disfrutas a tu esposo, yo a mi novio… que lindo contar con ese apoyo. Y es que una puede hacer las cosas sola, pero prefiero hacerlas con el.

  • Milena Verdesia

    Este texto me dejó una enorme sonrisa. Me identifiqué montones. Encontrar a esa persona que apoya incondicionalmente es un complemento perfecto cuando uno es emprendedor y creativo. Gracias por compartir esta experiencia tan bonita ❤️

  • Rebe Zamora

    Sofi, me encanta leerte, hoy me sacaste una carcajada con la historia del sombrero, es tan verídico y tan satisfactorio cuando eso pasa.
    De verdad que tener a un mejor amigo/confidente/novio/esposo (en tu caso)/psicólogo y puede seguir la lista, que además sea el apoyo de uno, es un gran regalo de la vida.

  • Liz Paniagua

    Historias inspiradoras, casi lloro, espero algun dia llegar a sentirme asi con alguien. Creo que de ahora en adelante sere fan de tu blog. Me encanta todo lo que escribes y la pasion con la que vives.

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