Así viví esos tres días de feria en San Francisco.

Entre muchas de las experiencias y apuntes personales que me traje de la reciente feria en San Francisco, tengo en especial lugar una lista de emociones que se apoderaron de mi durante esos tres días de feria. Recuerdo que sentada en mi stand, trataba de congelar ciertos momentos para traerlos luego acá, a mi blog y compartirlos.

Debe ser el estar sola, en otro país con un proyecto de este tamaño en las manos, presentándolo en una enorme ciudad, lo que me multiplicó las emociones y entre ellas, los miedos. Sentí en estos días, que volví a emprender y con eso quiero decir, que fué de nuevo como un salto al vacío. Que volvía a empezar de cero: Mis bolsos y yo, frente a un mar de gente que nunca antes había visto, con la que me comunicaba con cierta limitación porque el ingles no es mi idioma natal, porque para muchos, tampoco era el de ellos. San Francisco es más una mezcla cultural que una ciudad aunténticamente Estadounidense, los asiáticos dominan el espacio, los turistas de todas partes del mundo hacen su vuelta por la feria y entonces a ratos incluso me hacía dudar de donde estaba. Lo cierto es que cada emoción, cada idea, se veía intensificada por esa soledad, de no tener a mis compañeros ahí conmigo, mis apoyos principales, mis manos derechas y tuve que ser dos veces más valiente.

Seis momento que congelé para compartir y en los que se resumo la experiencia de una feria de diseño:

1. La emoción de llegar. Abren las puertas del recinto ferial  y somos todos los que entramos con cajas, maletas, una gran ansiedad por empezar, halamos muebles, nos trajimos de la casa la alfombra, el perchero, recorremos el espacio deseando encontrar el número de stand asignado. Me emociona ver que no estoy sola, que somos todos igual de locos, que a todos nos preocupan las mismas cosas. Me siento “parte de”… siento que ese es mi mundo y que después de tantos planes y preparativos, finalmente llegué y ahí estoy, montando mi stand, llena de expectativas y viendo un mar de oportunidades por venir.
2. El miedo de no ser suficiente. Me instalo y empieza la feria. Hay stands enormes, tres o cuatro veces más grandes que el mío. Stands super profesionales, enormes gráficas con impresión de primera calidad, stands con acabados increíbles, pisos de madera, iluminación. Y me aterro al ver mi pequeño stand de una mesa y un perchero, porque claramente viajando desde Costa Rica a San Francisco e iniciando esta experiencia en ferias internacionales, la complejidad del stand la manejo al mínimo. Y entonces siento que no será suficiente, que es muy poco, que no alcanzará. Me frustro al compararme con el resto… porque no, mi stand no es todo lo que podría haber sido. Y entonces me llega esa sensación de no ser suficiente.
3. La alegria de vender. Pasa el rato, y se acerca una diseñadora de otro stand. Me comenta que ya nos conoce, porque nos sigue en instagram, se pone un bolso y sin pensarlo mucho decide comprarlo. Se me ilumina la cara y el corazón. Se enciende de nuevo la esperanza de que talves si sea suficiente y pienso que es más importante un buen producto que un buen stand. La felicidad de vender no la puedo explicar. Estar en otro país y ver que la gente aprueba tu producto, que le gusta, que lo quiere… es emocionante. Cada venta que voy haciendo se convierte en una certeza, en una fiesta que celebro internamente con enorme satisfacción y gratitud.
4. La incognita que encierra el público. Esos clientes, que pasan y no dicen nada, que tocan el producto, que lo ven, que se detienen pero no dicen nada. Y entonces mi cabeza desea descifrar que pensaran. No dejan muestra de nada, no se manifiestan. En San Francisco, la gente me pareció mucho mas fría. En Texas, el público era más expresivo, más cálido, entusiasta. Entonces esa gran incognita que te deja un publico frío se queda ahí por un rato alimentando mis dudas.
5. El hacerse amigos. Me hago amiga de mis compañeros de la par, escucho sus historias, saber que todos estamos sintiendo lo mismo, que otros estando en su propio país también tienen miedo me alivia. Me doy cuenta de que la incertidumbre es parte de esto que hacemos, que la emoción de vender no se quita jamas, que cada piropo hacia nuestro producto es personal, porque es nuestro. Compartir con otros diseñadores aquí y allá es siempre una de las cosas que más me enriquecen de las ferias. Nos pasa aquí mismo, en el FIA después de 10 días de estar ahí, comer juntos, contar los días buenos y los días malos, nos hace ser amigos. Así me pasó allá, después de tres días de feria abrazo a mis compañeros de feria para despedirlos con un cariño especial que se construye ahí en la batalla.
6. La satisfacción de haberlo logrado. Entre el cansancio y las ganas de irse, también están las ganas de querer seguir vendiendo más. Al final… queda una satisfaccion gigante. Cerrar la feria de San Francisco, fue un momento importante. Por muchas razones, esperaba que esta feria fuera difícil… y así fue. Pero lo logré, todos los obstaculos que aparecieron como los había imaginado también fueron desapareciendo y entonces la última emoción que se adueña de mí es la emoción misma, esa que las encierra todas y dan ganas de llorar. Entre la felicidad y el cansancio está la satisfacción.

La feria no termina ahí, los días que siguen son claves. El seguimiento a los contactos, visitar las tiendas que se mostraron interesadas y cerrar negocios potenciales sucede en ese tiempo. La feria no acaba cuando desmontamos un stand y las emociones tampoco, esto no se termina nunca. Renegade Craft Fair es la salida más grande que he hecho de mi zona de comfort en mucho tiempo. Con este proyecto de ferias he puesto a fuego de nuevo mi espíritu empredendor y me siento cada vez más fuerte.

 

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